Sembrar desde semilla, paso a paso
Comprar la planta ya crecida es cómodo, pero ver nacer una semilla que has sembrado tú tiene algo difícil de igualar.
Hay dos maneras de empezar un cultivo: comprar la planta ya crecida o sembrar la semilla y verla nacer. La primera es cómoda y rápida; la segunda es más lenta y tiene algo de magia que la primera no da. Ver cómo de una semilla diminuta surge una plantita, cuidarla desde el primer día, es una de las experiencias más bonitas de la jardinería. Y además, sembrar sale mucho más barato y abre un mundo de variedades.
Cuándo sembrar
Cada planta tiene su época de siembra, y respetarla es la mitad del éxito. Sembrar fuera de temporada, cuando hace demasiado frío o calor para esa especie, suele acabar en fracaso. Los sobres de semillas indican la época adecuada, y en general la primavera es el gran momento de siembra para la mayoría de las hortalizas y flores. Sembrar en su momento hace que las semillas germinen con ganas; a destiempo, ni brotan.
Ni muy hondo ni muy en la superficie
Un error muy común del principiante es enterrar las semillas demasiado profundas. La regla general es cubrirlas con una capa de tierra de un grosor parecido a su propio tamaño: las semillas pequeñas, apenas espolvoreadas y cubiertas con muy poca tierra; las grandes, algo más hondas. Si entierras demasiado una semilla pequeña, gasta toda su energía intentando salir y no llega a la superficie. Poca profundidad, como norma.
La semilla no necesita estar enterrada profundo: necesita humedad, calor y una capa finísima de tierra encima. Casi siempre, menos hondo es mejor.
Humedad constante hasta que brotan
El momento más delicado va desde la siembra hasta que la semilla germina y asoma. En esa fase, la tierra debe mantenerse húmeda de forma constante, sin secarse nunca del todo pero sin encharcarse. Un pulverizador o un riego muy suave evita arrastrar las semillas. Si la tierra se seca en este punto, la germinación se interrumpe; si se encharca, las semillas se pudren. El punto justo de humedad, mantenido con paciencia, es lo que hace que broten.
De la siembra al trasplante
Muchas plantas se siembran primero en pequeños recipientes o semilleros, y cuando las plántulas han crecido un poco y son lo bastante fuertes, se trasplantan a su maceta o lugar definitivo. Conviene no precipitarse: una plántula demasiado pequeña sufre mucho el cambio. Espera a que tenga varias hojas y un tamaño razonable antes de mudarla, y hazlo con cuidado de no dañar las raíces tiernas. Ese paso bien dado asegura que la planta siga creciendo con fuerza.
Vale la espera
Sembrar exige más paciencia que comprar la planta hecha, no hay duda. Pero la recompensa empieza mucho antes de la cosecha: está en ver el primer brote verde rompiendo la tierra, en seguir el crecimiento día a día, en saber que esa planta existe porque tú la sembraste. Es la parte más esencial y más bonita del huerto, la que conecta de verdad con el ciclo de las plantas. Pruébalo una vez y entenderás por qué engancha tanto.
3 comentarios
Ver germinar las primeras semillas con mis hijos fue una experiencia preciosa. Y sale mucho más barato que comprar plantel.
El error de enterrar las semillas demasiado profundas lo cometí al principio. Apenas cubiertas, como decís, y germinan mucho mejor.
Mantener la tierra húmeda pero sin encharcar hasta que brotan es lo más delicado. Con un pulverizador va perfecto.