Hierbas aromáticas en casa: frescas todo el año al alcance de la mano
Tener albahaca, perejil o menta a un paso de los fogones es el huerto más fácil, barato y agradecido que existe.
De todo lo que se puede cultivar en casa, las hierbas aromáticas son seguramente lo más rentable y agradecido. Ocupan poco, son baratas, crecen fáciles y transforman cómo cocinas: tener albahaca, perejil, menta o romero frescos a un paso de los fogones, para cortar justo lo que necesitas en el momento, no tiene comparación con los manojos mustios del súper. Es el huerto perfecto para empezar.
Dónde ponerlas
Las hierbas no piden mucho, pero sí luz. Un alféizar soleado, una ventana de la cocina, un balcón con sol son sitios ideales. La mayoría agradece bastantes horas de luz directa, aunque algunas, como el perejil o la menta, toleran algo menos. Tenerlas cerca de la cocina, además de práctico para cortarlas al cocinar, hace que te acuerdes de cuidarlas. Lejos y olvidadas, las hierbas se mustian; a la vista, prosperan.
Cuanto más cortas, más crecen
Aquí está la magia de las aromáticas: usarlas las mejora. Al cortar tallos y hojas para cocinar, la planta responde ramificando y creciendo más tupida y frondosa. Una albahaca a la que se le van pellizcando las puntas se convierte en una mata densa; una que se deja crecer a su aire se estira, florece y se agota. Así que no tengas reparo en usarlas a menudo: cortar es, además de cocinar, podar para que crezcan mejor.
Con las hierbas, usarlas es cuidarlas: cuanto más cortas para la cocina, más frondosas y sanas se ponen.
Cuidado con la menta
Una advertencia importante: la menta y otras hierbas de su familia son tremendamente invasoras. Plantadas junto a otras en la misma maceta o jardinera, sus raíces se extienden y acaban ahogando a las vecinas. La regla es tenerlas siempre en una maceta propia, para ellas solas, donde puedan expandirse sin molestar. Es estupenda y muy útil, pero hay que darle su propio sitio o se adueña de todo.
Anuales y perennes
Conviene saber que no todas las hierbas duran igual. Algunas, como la albahaca, son anuales: viven una temporada, dan mucho en los meses cálidos y se agotan al llegar el frío. Otras, como el romero, el tomillo o la salvia, son perennes y leñosas: aguantan años y resisten el invierno. Saberlo evita sustos: que tu albahaca se acabe en otoño no es que la hayas matado, es su ciclo natural; el romero, en cambio, debería acompañarte temporada tras temporada.
El cambio en la cocina
Tener hierbas frescas en casa cambia, de verdad, cómo cocinas. Empiezas a echar perejil recién cortado a todo, a rematar un plato con albahaca, a hacerte una infusión con tu propia menta. Cuesta muy poco, ocupa casi nada y el salto de calidad es enorme frente a las hierbas secas o las compradas que se pudren en la nevera. Si nunca has cultivado nada, empieza por aquí: es el huerto más fácil y el que más vas a usar.
3 comentarios
Tener perejil y albahaca en la ventana de la cocina ha cambiado cómo cocino. Cortas en el momento y huele a otra cosa.
La menta hay que tenerla en maceta aparte como decís. La planté con otras y se lo comió todo. Es una invasora total.
Lo de ir cortando para que crezcan más tupidas es verdad. Cuanto más uso la albahaca, más frondosa se pone.