Compost casero: convierte tus restos en el mejor abono
Buena parte de lo que tiramos a la basura puede convertirse, sin esfuerzo y gratis, en alimento para las plantas.
Cada día tiramos a la basura una cantidad enorme de restos orgánicos: peladuras de fruta y verdura, posos de café, cáscaras, restos de poda, hojas secas. Y casi todo eso puede convertirse, con paciencia y sin apenas esfuerzo, en compost: un abono oscuro, rico y gratuito que es lo mejor que le puedes dar a tus plantas. Compostar es, a la vez, reducir basura y mejorar tu tierra. Difícil pedir más.
Qué es el compost
El compost no es más que el resultado de la descomposición natural de la materia orgánica, acelerada y dirigida. Los restos que se pudrirían igualmente en el campo, en un montón controlado, se transforman en una especie de tierra negra, esponjosa y llena de nutrientes. Añadido a las macetas o al huerto, mejora la tierra, la enriquece y alimenta las plantas mucho mejor que un sustrato agotado. Es el ciclo natural cerrado en tu propia casa.
Verdes y marrones, el equilibrio
El secreto de un buen compost que no huela mal ni se apelmace es el equilibrio entre dos tipos de materiales. Los verdes, húmedos y ricos en nitrógeno: restos de fruta y verdura, césped, posos de café. Y los marrones, secos y ricos en carbono: hojas secas, cartón, ramitas, papel. Si solo echas restos verdes y húmedos, el montón se pudre, se compacta y huele; los marrones lo airean y lo equilibran. Alterna unos y otros y tendrás un compost sano y sin olores.
Un compost que huele mal es un compost desequilibrado: le faltan materiales secos. Con verdes y marrones a partes, ni huele.
Lo que no debe entrar
No todo vale para el compost casero. Conviene dejar fuera la carne, el pescado y los lácteos, que atraen plagas y huelen al descomponerse. Tampoco aceites, heces de animales carnívoros ni plantas enfermas. La base son los restos vegetales de cocina y de jardín. Si te ciñes a peladuras, restos de verdura, posos, cáscaras de huevo, hojas y poda, el compost irá bien y sin problemas.
Sin jardín también se puede
Existe la idea de que para compostar hace falta un jardín, y no es cierto. Hay compostadores pensados para espacios pequeños, incluso para un balcón o el interior, como los que funcionan con lombrices, que procesan los restos sin olor y en poco espacio. No necesitas un montón enorme al fondo de una finca: con un recipiente adecuado, hasta en un piso se puede convertir la basura orgánica en abono. Cuestión de elegir el sistema que cabe en tu casa.
Paciencia y resultado
El compost no es inmediato: la naturaleza tiene su ritmo, y transformar los restos en tierra lleva semanas o meses según el sistema y la época. Pero el proceso es casi automático; solo hay que ir añadiendo restos equilibrados, remover de vez en cuando y esperar. Cuando por fin tienes ese compost oscuro y huele a tierra de bosque, y ves cómo responden tus plantas, entiendes que estabas tirando a la basura, literalmente, el mejor alimento para tu jardín.
3 comentarios
Llevo un año compostando y tiro la mitad de basura. Y la tierra de mis macetas con el compost está increíble. Doble ganancia.
El equilibrio entre restos verdes y secos es la clave para que no huela. Al principio me olía fatal por meter solo restos húmedos.
Hay compostadores pequeños para balcón y funcionan. No hace falta jardín para hacer compost, que es lo que yo creía.